giovedì 23 aprile 2009

Ojalá tuviéramos nosotros lo que tienen ellos para sonreír como lo hacen.

giovedì 19 febbraio 2009

¿Cómo se enseña el vacío?

Un día, un maestro estaba delante de sus discípulos a punto de comenzar el sermón de la tarde. En esto que llegó un pajarillo volando, se posó en medio de todos y se puso a picotear en el suelo. Se dio un par de vueltas, canturreó un momento, se rascó el ala y se fue. "Por hoy la lección ha terminado", dijo el maestro.

lunedì 19 gennaio 2009

La matrixdotecnia de la política

Todas las empresas tienen un objetivo obvio: maximizar los beneficios. Ojo al objetivo: maximizar los beneficios. Esto significa lo que significa, no quiere decir, necesariamente, vender más, ni quiere decir vender más caro, ni aumentar el número de compradores: quiere decir maximizar los beneficios.

Las formas de maximizar los beneficios de una empresa pueden ser muchas. Se puede intentar vender más, se pueden reducir costes, se puede replantear la situación financiera, es decir, la situación de los créditos y las deudas que necesariamente se tienen, diversificar la oferta, en fin, unas cuantas. Pero existe una que es muy importante: el marketing, o, más en castellano, la mercadotecnia.

La mercadotecnia no busca vender más: busca vender más a quien me garantiza el mayor beneficio. Esto es muy importante, porque no significa necesariamente vender más a cualquier persona con dinero, sino buscar aquella población a la que, vendiendo mi producto, me garantiza que mi empresa obtenga el máximo beneficio. Un aftershave de adidas se intentará vender a los hombres de entre 20 y 50 años preocupados por su cuerpo y con intereses deportivos, mientras que la colonia de Carmen Sevilla se destinará a las mujeres de más de 50 que ven la tele por las tardes. A partir de este posicionamiento del producto se crearán los anuncios, los colores de las cajas, los mensajes publicitarios y los horarios y lugares donde colocarlos.

¿Y todo esto qué tiene que ver con la política? Pues mucho. Porque tenemos que desengañarnos.
Los políticos no se mueven ya por ideas. Dejémonos de tonterías. Tampoco se mueven por el bien común, ni por mejorar el país, ni por el bienestar de los ciudadanos. Ni mucho menos por aplicar sus propuestas. Los políticos se mueven por interés, y su interés es llegar a lo más alto que pueda y mantenerse el mayor tiempo posible. Es decir, maximizar el número de votos.

Y aquí es donde entra el marketing. La política hoy en día se basa en el marketing político, que busca quiénes son los posibles votantes que me pueden dar el mayor número de votos, y a partir de aquí crea mensajes, posicionamientos, discursos, incluso música y colores.

Digo todo esto porque acabo de ver a Zapatero diciendo tonterías sobre la crisis. Tonterías que cualquier persona que supiera un mínimo de economía se las podría echar por tierra. Pero el discurso de Zapatero no va dirido a éstos: va dirigido a otros. Es como lo de Rajoy: todos sabemos lo que le importa el desfile del día de la hispanidad, pero hace 2 temporadas grabó un vídeo instando a los españoles a asistir al importante evento. Evidentemente dirigido a quien iba dirigido.

Lo que quiero decir es que solemos indignarnos, exaltarnos y acabar discutiendo sobre lo que dicen los políticos. Todo esto es un ERROR, porque lo que dicen los políticos no va dirigido a nuestra racionalidad: va dirigido a nuestro inconsciente, a lo que nos gusta, a lo que necesitamos. Va dirigido a crearnos la necesidad de votarles, y el marketing busca las poblaciones que maximizan el voto y crea estos mensajes. La política no es ideología ni bienestar: es marketing. La política no la dirigen ya los políticos: la dirigen los expertos en mercadotecnia. La política es un producto de consumo más, como las colonias o las cervezas, con sus propio objetivo que maximizar.

Cuando vemos un anuncio podemos quedarnos extasiados viendo el anuncio, o podemos mirarlo como lo vería un mercadotécnico: como un conjunto de mensajes dirigidos a una población concreta. Es como ver una página web o ver los ceros y unos que son en realidad. Con la política pasa lo mismo: cuando oímos a un político podemos escuchar lo que dice y exaltarnos o cabrearnos, e incluso discutir sobre ello, o podemos buscar las pautas y los mensajes que está diciendo y que están en función de su posicionamiento mercadotécnico. En cualquier caso, la realidad más real es la segunda, porque la primera, a pesar de que es más bonita, más interesante, más cabreante o más lo que quieras, es pura fantasía.

Desengañémosnos: todo lo demás es vivir en matrix.

mercoledì 7 gennaio 2009

El sillón anatómico.

No podía más. Era imposible. Estaba tan mal, tan mal, que tenía que hacer algo. Aunque para ser sinceros no he sido yo quien ha hecho algo, sino la suerte. El azar, el hado, la fuerza del sino… o la casualidad. Lo que queráis. Simplemente lo vi mientras pasaba por allí. Al principio no le hice caso, seguí caminando, pero al cabo de un poco me volví y entré. Está claro, no lo cogí en ese momento. Hube de esperar a que la idea madurara en mi cerebro. Siempre me pasa igual, o, bueno, casi siempre: no me decido a comprar cosas si no las veo, las miro, las miro otra vez, me voy a casa, le doy vueltas, las vuelvo a mirar y lo vuelvo a pensar. A menudo lo consulto con alguien. Casi siempre con Elena, que es mi mejor consejera, o al menos mi consejera habitual, mi favorita, pero me gusta, o quizá necesite, que otras personas me digan lo que piensan sobre mis potenciales adquisiciones. Sobre todo cuando me voy a gastar 150€.

150€ costaba el sillón. En la etiqueta costaba 300, pero estaba rebajado, por mudanza de local. Ya veis, de 300 a 150 euros, no está nada mal ¿no? Y es que me hacía falta. La silla con la que solía trabajar hasta hace pocos días era insoportable: mala, vieja y rota, con un respaldo absolutamente anti-anatómico que encima se salía y había que volver a colocar, me hacía tener la espalda curvada, el cuello tenso, los hombros encogidos y en tensión, el pecho cerrado, la cabeza hundida. Las piernas estaban siempre incómodas por lo que las doblaba y colocaba en posiciones imposibles que provocábanme dolor en las rodillas. Y lo peor no sólo era el dolor de, bueno, de casi todo el cuerpo. Lo peor era la sensación continua de ansiedad, de nerviosismo que tenía.

De verdad que lo he pasado mal. No se podía estar en esa silla mucho tiempo. Y esto último que he dicho, lo de la ansiedad y el nerviosismo, es la cosa más curiosa de todas: con el nuevo sillón mi estrés se ha reducido de forma increíble. Yo creo que es por la posición del cuerpo. Antes parecía un deprimido, quiero decir que mi espalda era la de un deprimido, y mi pecho cerrado y los hombros caídos y tensos eran los de un enfermo de estrés. Eso me hace pensar lo que dicen algunos: eso de que la alegría trae la sonrisa, y que también la sonrisa trae la alegría. Pues lo mismo. Si tu estado de ánimo es uno, la posición de tu cuerpo será proporcional a ésta, e, igualmente, una posición del cuerpo genera poco a poco un estado de ánimo que la refleja. El nuevo sillón, que es anatómico, me obliga, si lo uso bien, es decir si me busco la posición más cómoda, a mantener siempre el cuerpo recto, las rodillas naturalmente relajadas, el pecho abierto, los hombros hacia atrás y sin tensión, y esto no sólo quita de en medio dolores y malestares, sino que, además, abre las vías respiratorias, ayuda a concentrar la mente, actúa como calmante sobre el sistema nervioso e, incluso, me da la sensación que abre las vías pránicas, los chakras y los nadis y ese tipo de cosas.

No es perfecto, está claro. Me da a mí que un sillón anatómico hay que aprender a usarlo. No es el sofá de casa en que nos tiramos como nos sale y nos revolcamos 3 veces hasta que nos quedamos fritos. Para un sillón anatómico hay acoplarse a sus reglas, ser capaz de encontrar la posición, y además si no se tiene una cierta forma física cuesta mantener el cuerpo en posición perfecta. Vamos, que si los músculos no están en buen tono, al cabo de un poco puede resultar incómodo continuar en una buena postura. Son las cosas del mundo moderno, pero si se saben usar, de verdad… ¡¡¡que alivio!!!

martedì 9 dicembre 2008

Tiziano Terzani: “Yo creo que es mucho mejor hacer el amor que hacer sexo”

Terzani, escritor, columnista y excorresponsal de guerra, piensa que el hombre actual ha perdido el sentido de La vida: parece –afirma– que “Somos sólo cuerpo, un cuerpo que lucir, cuidar, embellecer y mantener con vida el máximo tiempo posible. Pero somos algo más que eso. El marxismo leninismo, en cierto modo, nos ha cortado el cordón con el cielo; y el psicoanálisis abrió un agujero profundísimo en el que nos perdemos... ¿Buscar la razón de lo que somos en el sexo? Yo creo que es mucho mejor hacer el amor que hacer sexo, y si les enseñáramos eso a nuestros hijos, tal vez añadiríamos algo de poesía a esta vida, afirma.

Tiziano Terzani Nació pobrísimo hace 64 años en Florencia. Durante 30 años ha sido corresponsal de guerra. Ha hecho lo que amaba. Ahora vive retirado en el Himalaya y la guerra de Afganistán le ha convertido en un loco kamikaze por la paz. Está casado y tiene dos hijos y un nietecito al que le ha dedicado "Cartas contra la guerra", que edita RBA. Ima Sanchís le entrevistaba el martes en “La Vanguardia”.


—¿Por qué se ha pasado media vida contando la muerte?

—Uno comienza a ser corresponsal de guerra porque es joven, impetuoso e idealista. Siempre he escrito un diario y en mi primera guerra, Vietnam, la primera frase que escribí fue: "La guerra es una cosa triste, pero es más triste todavía cuando se convierte en hábito".

—Después de treinta años...

—El primer muerto que vi tirado en la calle, con la boca llena de moscas, me impresionó. Luego aprendí a contarlos.

—Se había habituado.

—Sí, pero a los 63 años me he dado cuenta de que no, de que esta última guerra en Afganistán me ha revuelto. ¿Sabes?, hay momentos en la vida en que sientes algo en la piel que te invade con una fuerza arrolladora.

—Las cosas hay que sentirlas.

—Hace poco, en Kabul, vi pasar a un hombre que se volvía continuamente para mirar a una niña que corría tras él con una sola pierna. Debía de ser su hija. Yo también tengo una hija y en aquel momento sentí el peso de la injusticia. Así es nuestro trabajo.

—¿Cómo?

—O te conduce a un gran cinismo o a una especie de paranoia en la que ya no puedes soportar oír decir las mismas banalidades. Toda la vida oyendo a esos ministros, presidentes y capitostes relativizando, justificando la barbarie... ¡Basta!

—Algo positivo habrá aprendido.

—Tras 30 años en Asia he aprendido a pararme y respirar, a meditar. Es necesario detenerse y reflexionar, tomar conciencia del mundo que tenemos y del que queremos.

—Y del ser humano, ¿qué ha aprendido después de ver tanta miseria, tanta violencia?

—Como me dijo un amigo, el hombre nace sin alma, pero alguno, viviendo, consigue construirse una. Podemos ser mejores. Pero ahora vivimos una nueva edad media. Somos sólo cuerpo, un cuerpo que lucir, cuidar, embellecer y mantener con vida el máximo tiempo posible.

—¿Hemos perdido el sentido?

—Sí, porque somos algo más que eso. El marxismo leninismo, en cierto modo, nos ha cortado el cordón con el cielo; y el psicoanálisis abrió un agujero profundísimo en el que nos perdemos... ¿Buscar la razón de lo que somos en el sexo? Yo creo que es mucho mejor hacer el amor que hacer sexo, y si les enseñáramos eso a nuestros hijos, tal vez añadiríamos algo de poesía a esta vida. Atravesamos un periodo oscurantista.

—Todo materia.

—Por eso basamos todas nuestras decisiones en lo que nos es útil, nos conviene. Debemos reinventar la moralidad, los principios y la ética en nuestra vida cotidiana.

—¿Qué propone?

—El ayuno de consumo, de exceso, porque el consumismo nos consumirá. Debemos controlar nuestros deseos. Y recuperar el silencio. La comunicación nace del silencio.

—He visto fotos de su juventud, parece usted un periodista impetuoso, resuelto...

—¡"Brava"!... Tenía tres ideas férreas. Hace poco reencontré a un viejo amigo de Vietnam al que no había visto desde entonces. Él estaba igual. "¡Dios mío, cómo has cambiado!", me dijo con lástima. "¡Menos mal!", pensé yo, el tiempo no ha pasado en balde.

—¿Tiene más respuestas?

—¿Con mi pequeña vida de 64 años? No. Pero tengo preguntas y dudas para tirarle a la cara a quien pretende tener las respuestas a los problemas del mundo. ¿Sabes qué es lo bello de envejecer?

—No.

—En la vida tienes la sensación de que todo ocurre por casualidad. Pero, cuando eres viejo y miras hacia atrás, te das cuenta de que hay un hilo que da sentido a tu vida. En las guerras siempre he ido a hablar con el otro. En la guerra de Vietnam con el Vietcong, en la de Sri Lanka con los tamiles, en la de Afganistán con Al Qaeda.

—Eso da sentido a su trabajo.

—El bellísimo símbolo taoísta, el yin y el yang, simboliza que en el interior de las tinieblas hay un punto de luz y en el interior de la luz un punto de tiniebla.

—¿El mundo es uno y cada parte tiene su sentido?

—Sí, es posible reemplazar la lógica de la competitividad por la ética de la coexistencia. Nadie tiene el monopolio de nada. La idea de una civilización superior a otra es sólo fruto de la ignorancia. La armonía, como la belleza, está en el equilibrio de los opuestos, y la idea de eliminar uno de los dos es sencillamente sacrílega.

—¿De dónde ha sacado la fuerza?

—La curiosidad, querer entender... Pero también he tenido suerte, desde muy joven encontré a mi compañera de vida. Yo creo que cuando nacemos somos sólo una mitad y que nos pasamos la vida buscando el pedazo que nos falta. Cuando lo encuentras, el amor adquiere otro significado, si no, te pasas la vida buscando algo indefinido y hay una sensación de frustración que yo no he tenido.

—¿Por qué se ha retirado del mundo?

—Me fui a vivir a una cabaña en el Himalaya cuando sentí que ya había dado lo mejor de mí. Permíteme un consejo: Si en la vida se te presenta una ocasión de no repetirte, tómala. Me he pasado la vida viajando hacia fuera y ahora viajo hacia dentro.

—Sigue siendo un explorador.

—Sí. A veces intuyes que la vida es algo más y si lo has sentido alguna vez tienes esperanza. El mundo de hoy es terrible, sólo lo cambiaremos si cada uno de nosotros toma conciencia de que las causas de la guerra están dentro de nosotros: el deseo, el miedo, la inseguridad, la vanidad, el orgullo...

venerdì 28 novembre 2008

La fuerza de la comunicación

He descubierto una cosa increíble, y la he descubierto con la homeopatía.

El otro día leí que la potencia de la medicina homeopática es inversamente proporcional a su concentración en agua. Léelo despacio: in-ver-sa-men-te pro-por-cio-nal a su con-cen-tra-ción. ¿Aún no has pillado el truco? Pues mira: que mientras MENOS concentrada esté, la medicina es MÁS POTENTE.

¿Que te lo explique mejor? Observa:
En la medicina "normal", si tú te tomas una aspirina, pues tendrás un efecto. Si te tomas dos, pues tendrás el mismo efecto, pero más fuerte. Si te tomas tres, será aún mayor, o en todo caso más duradero. Por eso cuando estamos malos el médico nos dice "tómese esto cada 8 horas" o "no, en su caso 4 veces al día": porque mientras más te tomes, más te hace.

Pues la homeopatía es justo al revés. Que te tomas una pastillita disuelta en agua, pues te hace un efecto. Que te tomas LA MITAD de la pastillita en la MISMA cantidad de AGUA, pues te hace EL DOBLE de efecto. Que disuelves aún menos, más potencia.
Esto contradice todas las leyes de la lógica médica, qué caray, contradice el mismísimo sentido común. ¿A quién se le ocurre? Lo que dicen los homeópatas es que las medicinas que ellos proponen no curan las enfermedades: estimulan el ser humano, en la dirección adecuada, a que retome su equilibrio consigo mismo y con el universo y eso es lo que hace que se cure. Así, mientras MENOS concentración de medicina, MÁS profundamente llegará. Primero tendrá un efecto FÍSICO. Si la diluímos más, tendrá un efecto ENERGÉTICO. Si seguimos diluyendo, el efecto será MENTAL. Y si seguimos aún más, apenas media gota en un litro de agua, que ya casi no hay medicina, el efecto pasará directamente a la parte ESPIRITUAL. En fin, cosas de la homeopatía. Esto es lo que le echan en cara los médicos "normales": si ya no hay medicina, pues entonces ya no hay efecto.

El caso es que he descubierto que ocurre una cosa similar con la:

ComunicacióN

Sí. Fíjate. Una persona que te hable sin parar puede ser divertida, interesante, hilarante, incontestable, pero al final resulta que... ni te has enterado de lo que estaba diciendo ni te acuerdas de nada y encima terminas cansado y con dolor de cabeza. Una persona que te intente convencer de algo racionalmente, con ideas, con discursos, que te haga que pensar, estimulará tu racionalidad, pero probablemente te creará un bloqueo, un rechazo, el típico efecto de psicología inversa que hace que cuando intentan convencernos nos pongamos a la defensiva y pensemos que él o ella no tiene razón.
Si esa persona es capaz de resumir su discurso en pocas frases, claras y sutiles, quizá estimule tu razón, pero lo hará de forma tan suave que no provocará rechazo en ti sino que te dejará calmadamente pensativo, y además habrás entendido mejor lo que quería decir.
Si la persona te dedica sólo unas palabras lo más probable es que tu raciocinio no se vea afectado, pero, si las palabras son precisas, lo entenderás todo, sonreirás e incluso tu corazón dará un brinco.
Si las palabras se sustituyen por caricias, en sonrisas o en miradas lo que te tocará será el alma.

No hay nada como comunicar sin palabras, o con pocas, las precisas, las buscadas, llenas de magia y de poesía. Si son adecuadas, menos palabras, más energía.

martedì 25 novembre 2008

Además de reciclar, voy a dejar ISF.

Llevo... ni me acuerdo. ¿8 años? No no no creo que más. Quizá 10 años. Por ahí debe andar. Pues para celebrar mi décimo aniversario he decidido borrarme de ISF, aunque hace años que no colaboraba, mi participación en ella se limitaba a pagar la cuota... y poco más.

Hace tiempo que se me pasa por la cabeza dejarlo. Las razones son varias:

- Primero, me ahorro 50 euros al año, que puedo invertir en otras cosas como sanidad, educación , cultura o simplemente salir de juerga.

- Segundo, el quemazón de los últimos tiempos en que colaboraba, las formas que , entre todos, creamos en aquel periodo, me hicieron perder la ilusión.

- Tercero, creo que el camino de especialización en tecnología, que yo mismo incité y ayudé a consolidar, no es el adecuado para dar respuesta a los problemas que pretende abordar. Pienso -y esto lo he meditado muchísimo- que en el mundo no existe un problema tecnológico. En menor medida, el problema es económico, quizá político, pero por encima de todo y sobre todo el gran problema es: humano. Somos las personas, y no los sistemas o los instrumentos que usamos, los que hacemos el mundo como es, por lo que da igual que vivamos en un capitalismo, en un comunismo, que exista el libre mercado, las vacunas o los ordenadores: el mundo sólo cambiará cuando cambien las personas. Por lo que insistir en la tecnología no va a arreglar el sufrimiento de la gente. Puede aliviarlo, como una aspirina, que quita la fiebre y cura los síntomas, pero la raíz del dolor es otra y se encuentra en el cerebro, en el corazón y en el alma de cada ser humano.

- Por todo ello, cuarto, llevar tecnología a los que sufren crea quizá más problemas de los que resuelve: dependencia tecnológica de una tecnología que probablemente no se puedan permitir, generación de esperanza y confianza en el desarrollismo del "primer mundo" (¿acaso nuestro desarrollo nos ha traído la felicidad? vivimos más tiempo, más cómodos, más ricos, pero, ¿más felices? ¿más alegres? ¿tenemos paz en nuestra vida?).

- Quinto, no resueve, como decía, el problema de fondo. El sufrimiento no es un valor objetivo, no es una actividad del mundo físico, sino que es una actividad de la mente. Considero -y esto lo he meditado mucho, aunque quizá no tanto como lo anterior- que los que sufren necesitan otros recursos para salir del sufrimiento: confianza en ellos mismos, fé en su cultura (que en la mayoría de los casos les ha mantenido con vida y ha creado grandes obras durante milenios), educación en sus valores y sus particularidades, ejercicio -¡sí!- ejercicio físico, y, sobre todo, tranquilidad de mente y espíritu y alegría, que es el mejor modo de llevar sus propios proyectos a cabo. Tienen que ser ellos los que se inventen soluciones a sus problemas, los que las ejecuten y los que las gestiones. No podemos ser nosotros los que les indiquemos el camino a seguir, primero porque sus peculiaridades hacen que nuestras soluciones no sean lo mejor para ellos, y segundo porque, en realidad, nuestro mundo occidental y desarrollado lo único que ha conseguido es personas estresadas, depresiones, destrozo medioambiental, crispación y demás cosas que todos sabemos. Nosotros no tenemos un mundo maravilloso, sino más bien todo lo contrario, y si les llevamos nuestras soluciones, un efecto colateral es el que ellos crean aún más que tienen que parecerse a nosotros. Éste es el gran punto contra el que me rebelo.

- Por cierto que algo harán mal las ONGs cuando nunca jamás en la historia han habido tantos movimientos sociales, tantas manifestaciones, tantos "solidarios"... y tanto sufrimiento. La distancia entre el norte y el sur se agiganta al ritmo que se crean nuevas y más grandes ONGs. Digo yo que algo raro está pasando. Es como en Italia: más crece la contestación popular a Berlusconi, más votos gana su partido. Algo mal hacen en la oposición, ¿no?

- Con el clima de continua tensión, eficientismo y estrés excesivo que entre todos -yo incluido- creamos en ISF no se crea el ambiente de paz y alegría que creo sea lo mejor que un pueblo puede exportar a otro. Curioso dato es el que la mayoría de mis coetaneos hayamos salido espantados y ni queramos oír hablar de volver a colaborar.

- Siempre he tenido el "feeling" de que una gran cosa que hacía ISF era cambiar a las personas que participaban en ella. Nos abría nuevos mundo, nos enseñaba otros lugares, nos comunicaba con otra gente y, sobre todo, nos ayudaba a entender que la solidaridad es una de las grandes fuerzas que puede mover la tierra. Por ello intenté (conseguiéndolo sólo parcialmente) atraer a nuevos socios y colaboradores. De verdad, creo que ésta es la mejor labor que una ONG puede realizar. Siempre me sorprendió la capacidad de ISF para cambiar a la gente: uno montó una empresa social, otro quiso ser comerciante solidario, otra se fue a Sudamérica. Sin embargo, lo que veo es que los criterios de ser eficientes y primar los proyectos a los nuevos socios ha llevado a ISF a tener más asalariados, más proyectos, más asignaturas pero menos nuevos colaboradores. Curioso dato, de nuevo, es el que la mayoría de mis coetaneos hayamos salido espantados y ni queramos oír hablar de volver a colaborar.

Por todo esto me borro.

Espero que nadie me haya malinterpretado. Por eso, quisiera aclararme: la tecnología, la lucha política, el cambio de modelo económico, el desarrollo de la medicina, pueden ayudar a construir un mundo mejor. Pero no son la razón del cambio, no son la mejora substancial, no son la medicina: la medicina es el cambiar el corazón de las personas. Sin que éste sea el centro de la ONG, la ONG no podrá cambiar nada. Es más, estará probablemente contribuyendo a afianzar el modelo capitalista desarrollista occidental que tanto daño nos hace a todos.

Me da pena. Espero, de verdad, volver algún día, cuando ISF sea más acorde con lo que creo. O, sobre todo, cuando yo sea capaz de entrar en ISF para desarrollar lo que creo sin tensionar más la cosa.
Y sobre todo, espero que todo lo que he dicho aquí esté equivocad