Los 7 nuevos pecados capitales (segùn la entrevista de Jesùs Quintero al Cardenal Amigo Vallejo):
- No realizaràs manipulaciones genéticas.
- No llevaràs a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones.
- No contaminaràs el medio ambiente.
- No provocaràs injusticia social.
- No causaràs pobreza.
- No te enriqueceràs hasta lìmites obscenos a costa del bien comùn.
- No consumiràs drogas.
venerdì 18 aprile 2008
martedì 15 aprile 2008
AHORA MISMO
Ya està bien de hacer polìtica de salòn, como la llama Tomàs. Hablar es muy fàcil. Criticar es uno de esos placeres inconfesables. Un placer de la mente, que muchas veces es tan placentero que no te das cuenta de que estàs criticando. Tu mente va por libre.
La crìtica es fantàstica porque te ayuda a entender dònde las cosas pueden mejorar, pero la crìtica excesiva te corroe por dentro, te cansa, te agota, te saca de quicio. Y te hace ver sòlo la parte fea del mundo y de los demàs, no la parte bonita. Y la crìtica es sòlo la primera parte de la cosa. La segunda parte es proponer soluciones. Y ésta es la parte màs difìcil, la que nos gusta menos. La que siempre dejamos a los demàs, a los polìticos, a los jefes, a los compañeros, "la culpa no es mìa", a la sociedad.
Cuando iba al centro zen nos decìa el monje zen: "la primera lecciòn que hay que aprender en un monasterio zen es a ser responsable. A veces, mi maestro nos decìa <<>> o <> o <> y obviamente nos quedàbamos todos parados sin decir nada por miedo a que nos regañara. Sin embargo, lo que él querìa es que nos levantàramos y dijéramos <>. Este es el espìritu zen".
La culpa siempre es mìa. Por acciòn, por omisiòn, porque soy vago, porque no tengo ganas, porque no he sabido actuar a tiempo, porque miré para otro lado, porque ahora que lo estoy viendo no hago nada "porque la culpa no es mìa".
Ya està bien de "negatividad". Las cosas se pueden hacer de dos formas: construyendo o destruyendo, sonriendo o enfadàndose. A veces hay que enfadarse, pero siempre construyendo. A veces hay que hacer una guerra, pero sòlo si puede servir para construir algo.
Quiero actuar conforme a una serie de principios que no me canso de pensar y de decir pero que no siempre pongo en pràctica. Quiero construir, quiero sonreìr y quiero que cada cosa que diga, que piense y que haga sirva para algo positivo. Si me cabreo quiero que sea porque es necesario y no porque me produce placer. Si critico, quiero que sea porque es lo que la situaciòn requiere para mejorarla, y no porque es màs fàcil o màs còmodo que buscar una soluciòn. Quiero buscar soluciones y no problemas. Quiero cambiar el mundo a través del trabajo y no sentado en el sofà. Y quiero hacerlo... AHORA MISMO.
La crìtica es fantàstica porque te ayuda a entender dònde las cosas pueden mejorar, pero la crìtica excesiva te corroe por dentro, te cansa, te agota, te saca de quicio. Y te hace ver sòlo la parte fea del mundo y de los demàs, no la parte bonita. Y la crìtica es sòlo la primera parte de la cosa. La segunda parte es proponer soluciones. Y ésta es la parte màs difìcil, la que nos gusta menos. La que siempre dejamos a los demàs, a los polìticos, a los jefes, a los compañeros, "la culpa no es mìa", a la sociedad.
Cuando iba al centro zen nos decìa el monje zen: "la primera lecciòn que hay que aprender en un monasterio zen es a ser responsable. A veces, mi maestro nos decìa <<>> o <> o <> y obviamente nos quedàbamos todos parados sin decir nada por miedo a que nos regañara. Sin embargo, lo que él querìa es que nos levantàramos y dijéramos <>. Este es el espìritu zen".
La culpa siempre es mìa. Por acciòn, por omisiòn, porque soy vago, porque no tengo ganas, porque no he sabido actuar a tiempo, porque miré para otro lado, porque ahora que lo estoy viendo no hago nada "porque la culpa no es mìa".
Ya està bien de "negatividad". Las cosas se pueden hacer de dos formas: construyendo o destruyendo, sonriendo o enfadàndose. A veces hay que enfadarse, pero siempre construyendo. A veces hay que hacer una guerra, pero sòlo si puede servir para construir algo.
Quiero actuar conforme a una serie de principios que no me canso de pensar y de decir pero que no siempre pongo en pràctica. Quiero construir, quiero sonreìr y quiero que cada cosa que diga, que piense y que haga sirva para algo positivo. Si me cabreo quiero que sea porque es necesario y no porque me produce placer. Si critico, quiero que sea porque es lo que la situaciòn requiere para mejorarla, y no porque es màs fàcil o màs còmodo que buscar una soluciòn. Quiero buscar soluciones y no problemas. Quiero cambiar el mundo a través del trabajo y no sentado en el sofà. Y quiero hacerlo... AHORA MISMO.
venerdì 11 aprile 2008
Africa
Los que hemos hecho cooperaciòn alguna vez tenemos un serio problema: vemos sòlo la parte negativa. No vemos nunca la parte positiva. Por eso el mundo va como va: por eso en Africa quieren vivir como en Europa, porque nosotros los cooperantes les hemos dicho 1000 millones de veces que tienen que vivir de otra manera, que se puede vivir de otra manera y que esa manera es nuestra manera. No vemos lo que hay de bueno en ellos, sòlo vemos lo que hay de malo. Incluso cuando vemos lo bueno lo vemos con una perspectiva negativa: qué bueno es este café, qué gran cultura que tienen, qué maravilla de paisajes, pero qué pena que todo vaya a desaparecer si no hacemos algo. La negatividad està siempre ahì presente.
No les dejamos actuar. No les dejamos ser como ellos sean sin estorbarles, sin criticarles, sin juzgarles. Muchas veces les criticamos de forma tan sutil en nuestra mente que ni siquiera nos damos nosotros cuenta de que los estamos criticando. Es como si tuviéramos siempre unas gafas de color oscuro que nos hace ver las cosas un poco màs negras, cuando en realidad podrìan ser luminosas.
La cooperaciòn al desarrollo no podrà jamàs cambiar el mundo para mejor porque està impregnado de negatividad. Cuàntas peleas, malos humos, egos enormes y opiniones contradictorias hacen falta para hacer un proyecto. Cuàntas horas de esfuerzo, de estrés, de cuentas que no cuadran y de voluntarios que se queman son necesarios. Cuàntas discusiones hay dentro de una ONG, cuànta negatividad. Y cuànta poca alegrìa, cuànto poco relax, cuàntas pocas sonrisas profundas, auténticas, luminosas hasta lo màs profundo.
Sòlo la luz, la belleza, el reconocer, alentar y aplaudir todo lo bueno que hay en la tierra podrà cambiar el mundo. Les llevaremos agua, higiene, casas, educaciòn, comida y tecnologìa, pero esas cosas no mejoraràn el mundo. El mundo serà mejor cuando llevemos alegrìa, emociòn, amor, paz y poesìa, y nunca podremos llevarlo si primero no lo tenemos nosotros en nuestra mente, en nuestro cuerpo y en nuestro corazòn.
Quizà ahora entiendo las palabras de mi "profesor" de zen: "?quieres cambiar el mundo? Pues siéntate y relàjate. Limpia tu mente y tu cuerpo. Sé feliz tù el primero y comparte esta alegrìa con todos los demàs. Este es el ùnico modo. Todo lo demàs es inùtil".
No les dejamos actuar. No les dejamos ser como ellos sean sin estorbarles, sin criticarles, sin juzgarles. Muchas veces les criticamos de forma tan sutil en nuestra mente que ni siquiera nos damos nosotros cuenta de que los estamos criticando. Es como si tuviéramos siempre unas gafas de color oscuro que nos hace ver las cosas un poco màs negras, cuando en realidad podrìan ser luminosas.
La cooperaciòn al desarrollo no podrà jamàs cambiar el mundo para mejor porque està impregnado de negatividad. Cuàntas peleas, malos humos, egos enormes y opiniones contradictorias hacen falta para hacer un proyecto. Cuàntas horas de esfuerzo, de estrés, de cuentas que no cuadran y de voluntarios que se queman son necesarios. Cuàntas discusiones hay dentro de una ONG, cuànta negatividad. Y cuànta poca alegrìa, cuànto poco relax, cuàntas pocas sonrisas profundas, auténticas, luminosas hasta lo màs profundo.
Sòlo la luz, la belleza, el reconocer, alentar y aplaudir todo lo bueno que hay en la tierra podrà cambiar el mundo. Les llevaremos agua, higiene, casas, educaciòn, comida y tecnologìa, pero esas cosas no mejoraràn el mundo. El mundo serà mejor cuando llevemos alegrìa, emociòn, amor, paz y poesìa, y nunca podremos llevarlo si primero no lo tenemos nosotros en nuestra mente, en nuestro cuerpo y en nuestro corazòn.
Quizà ahora entiendo las palabras de mi "profesor" de zen: "?quieres cambiar el mundo? Pues siéntate y relàjate. Limpia tu mente y tu cuerpo. Sé feliz tù el primero y comparte esta alegrìa con todos los demàs. Este es el ùnico modo. Todo lo demàs es inùtil".
venerdì 28 marzo 2008
La verdad... yo nunca estuve en Africa, aunque es uno de mis sueños. Quizà no deberìa hablar de ella, porque nunca estuve allì, pero quiero hacerlo. Perdonande si soy prepotente, sòlo Tomàs la vio con sus propios ojos... pero yo tengo una ventaja: he visto Africa con los ojos y las bocas de todos los que me la han contado, que fueron muchos. Gente de ISF, amigos de otras ONGs, importadores de comercio justo, vagamundos que encontré por la calle, y por supuesto, Elena, que se tirò 3 meses viviendo en el centro del Ghana. Al final, la conclusiòn de todo lo que no he visto, pero me han contado, es: son màs capitalistas, consumistas y occidentales que nosotros.
En Ghana se come. No tienen estos super-super mercados llenos de comida, pero la gente no suele pasar hambre. La vida no es fàcil, trabajan mucho y ganan poco (?acaso aquì no es igual?) y unos elegidos acceden al poder o se hacen ricos (?acaso aquì no es igual?). Comen arroz y pescado, kerké y noséquémàs. Todos tienen un mòvil. Todos quieren salir de allì.
Tienen la miel màs rica del mundo (esa sì que la he probado), tienen la fruta màs fresca de mundo (piñas, mangos, plàtanos, papayas), tienen un pescado frito y unas cosas raras que no sé qué son capaces de aguantar un viaje Accra-Frankfurt-Roma y seguir siendo igual de buenas (o casi), tienen cacao espectacular... y ellos no lo comen. Toman cacao nestlé, beben "zumos" marca fanta, la miel casi ni la conocen.
Tienen sol, agua y playas. Arboles y animales, pero prefieren el mòvil.
Tienen una cultura milenaria, que nosotros no la estudiemos no quiere decir que no exista. Fundaron imperios, crearon ciudades, hicieron monumentos. Que no sea grandiosa no quiere decir que no exista. Ellos prefieren la tele americana y el football europeo.
Muchas veces me arrepiento de haber intentado hacer cooperaciòn al "desarrollo". De tanto "enseñarles" còmo tienen que ser lo que al final han aprendido es que "los occidentales son mejores y nosotros tenemos que ser como ellos". A veces me siento como el marciano que llega en su platillo volante y come caca porque en vez del mono viene de la mosca. Y de tanto verlos comer caca al final nosotros terminamos comiendo caca, no porque nos guste ni porque sea buena sino porque ellos son màs listos que nosotros. Y nosotros queremos ser como ellos.
Dicen que el ser humano es una enfermedad. Nunca està contento con lo que tiene. A veces pienso que el sistema ideal es la dictadura de Butàn, donde por ley no se puede fumar, la televisiòn casi ni existe y el respeto al medio ambiente està garantizado por un desarrollo turìstico y tecnològico controlado por los lamas. Donde la educaciòn y la sanidad son gratuitas y universales. ?Para qué contaminar las mentes de la gente con ideas de riquezas occidentales cuando allì tienen todo lo que necesitan? Montañas, comida, cultura y bienestar. La dictadura trabaja no para que su gente sea màs rica, sino para que sean màs felices. El problema no es el sistema: el problema son nuestras mentes insaciables que siempre quieren lo que no tienen. Porque podrìamos vivir y ser felices con lo que ya tenemos.
Pero, ?còmo?
En Ghana se come. No tienen estos super-super mercados llenos de comida, pero la gente no suele pasar hambre. La vida no es fàcil, trabajan mucho y ganan poco (?acaso aquì no es igual?) y unos elegidos acceden al poder o se hacen ricos (?acaso aquì no es igual?). Comen arroz y pescado, kerké y noséquémàs. Todos tienen un mòvil. Todos quieren salir de allì.
Tienen la miel màs rica del mundo (esa sì que la he probado), tienen la fruta màs fresca de mundo (piñas, mangos, plàtanos, papayas), tienen un pescado frito y unas cosas raras que no sé qué son capaces de aguantar un viaje Accra-Frankfurt-Roma y seguir siendo igual de buenas (o casi), tienen cacao espectacular... y ellos no lo comen. Toman cacao nestlé, beben "zumos" marca fanta, la miel casi ni la conocen.
Tienen sol, agua y playas. Arboles y animales, pero prefieren el mòvil.
Tienen una cultura milenaria, que nosotros no la estudiemos no quiere decir que no exista. Fundaron imperios, crearon ciudades, hicieron monumentos. Que no sea grandiosa no quiere decir que no exista. Ellos prefieren la tele americana y el football europeo.
Muchas veces me arrepiento de haber intentado hacer cooperaciòn al "desarrollo". De tanto "enseñarles" còmo tienen que ser lo que al final han aprendido es que "los occidentales son mejores y nosotros tenemos que ser como ellos". A veces me siento como el marciano que llega en su platillo volante y come caca porque en vez del mono viene de la mosca. Y de tanto verlos comer caca al final nosotros terminamos comiendo caca, no porque nos guste ni porque sea buena sino porque ellos son màs listos que nosotros. Y nosotros queremos ser como ellos.
Dicen que el ser humano es una enfermedad. Nunca està contento con lo que tiene. A veces pienso que el sistema ideal es la dictadura de Butàn, donde por ley no se puede fumar, la televisiòn casi ni existe y el respeto al medio ambiente està garantizado por un desarrollo turìstico y tecnològico controlado por los lamas. Donde la educaciòn y la sanidad son gratuitas y universales. ?Para qué contaminar las mentes de la gente con ideas de riquezas occidentales cuando allì tienen todo lo que necesitan? Montañas, comida, cultura y bienestar. La dictadura trabaja no para que su gente sea màs rica, sino para que sean màs felices. El problema no es el sistema: el problema son nuestras mentes insaciables que siempre quieren lo que no tienen. Porque podrìamos vivir y ser felices con lo que ya tenemos.
Pero, ?còmo?
lunedì 17 marzo 2008
Una ùltima cosa
No tengo màs ganas de hablar de democracia, asì que sòlo voy a poner una referencia que me parece significativa. En su afàn por ampliar la participaciòn de los ciudadanos, en lo que es sin duda una maniobra fidelizadora de clientes, el diario "El Paìs", como todos, publica cada dìa encuestas en que pregunta a la gente su opiniòn sobre las cosas. Muy democàtico, todo. Hoy me he despertado con esta encuesta:
http://www.elpais.com/encuestas/encuesta.html?id=8602&k=Crees_produciendo_genocidio_cultural_Tibet
Quisiera saber, del màs del 80% de las personas que han contestado "sì", cuàntas han estado en Tìbet, cuàntas conocen su historia reciente, cuàntas se han interesado por ella antes de ahora o cuàntas saben de verdad lo que està ocurriendo, ante el blackout informativo a que China somete la regiòn. Igualmente a los que han respondido que "no".
Desde luego, y a pesar de mi admiraciòn por el Dalai Lama y mi gusto por los mantras, las montañas, el extremo oriente y en particular por todo lo que huela a tibetano, yo no sabrìa que responder. Encuestas como éstas me recuerdan que la democracia, en exceso, es contraproducente para la humildad de las personas: haciéndonos creer que podemos saber de todo y opinar sobre todo.
http://www.elpais.com/encuestas/encuesta.html?id=8602&k=Crees_produciendo_genocidio_cultural_Tibet
¿Crees que se está produciendo un genocidio cultural en Tíbet?
Hay dos posibles respuestas: "sì" y "no". "No sé", "ni idea", "nunca he estado allì", "no conozco la situaciòn tibetana" o "la verdad es que ni me importa" no son respuestas vàlidas.Quisiera saber, del màs del 80% de las personas que han contestado "sì", cuàntas han estado en Tìbet, cuàntas conocen su historia reciente, cuàntas se han interesado por ella antes de ahora o cuàntas saben de verdad lo que està ocurriendo, ante el blackout informativo a que China somete la regiòn. Igualmente a los que han respondido que "no".
Desde luego, y a pesar de mi admiraciòn por el Dalai Lama y mi gusto por los mantras, las montañas, el extremo oriente y en particular por todo lo que huela a tibetano, yo no sabrìa que responder. Encuestas como éstas me recuerdan que la democracia, en exceso, es contraproducente para la humildad de las personas: haciéndonos creer que podemos saber de todo y opinar sobre todo.
venerdì 7 marzo 2008
Y, después de decir todo esto, ?qué hacemos?
Creo firmemente que la democracia es el mejor de los sistemas posibles porque garantiza que todas las personas puedan participar activamente en su propia vida, porque todos tienen derecho a hablar, a opinar y a decidir, y porque todos seràn igualmente tratados y respetados. Pero que una sociedad tenga por nombre "democracia" no quiere decir que asì lo sea en la pràctica. Y, sobre todo, no quiere decir que no pueda y deba SER SIEMPRE OBJETO DE CRITICA Y DE MEJORA. Ademàs, puede ocurrir que una sociedad no esté preparada para los deberes y responsabilidades que el ejercicio de la libertad polìtica, de palabra y de acciòn comporta, y esto me lleva a la mente el caso de la diputada feminista Victoria Kent, que, aùn siendo ella mujer, se opuso al sufragio femenino por considerar que las mujeres no estaban preparadas para ello.
Porque, no lo olvidemos, todo en la vida tiene dos caras: el DERECHO comporta el DEBER.
Somos las personas las que hacemos la democracia. Cualquier estructura que se use para organizar un conjunto de personas serà siempre, y por definiciòn, imperfecta, por la sencilla razòn de que las personas somos socialmente imperfectas, en el sentido que no somos hormiguitas que piensan en el bien comùn, sino que solemos poner nuestra comodidad antes que nuestra responsabilidad. No existe un sistema perfecto porque los seres humanos somos como somos. Por tanto, la ùnica soluciòn posible para mejorar el sistema que nos toca vivir es mejorar a las personas. Y esto, ?qué significa? Pues probablemente, que cada uno entienda que tiene una obligaciòn que cumplir.
Las grandes sociedades lo han sido por la fuerza de sus componentes, y los grandes imperios han caìdo, entre otras razones, por la debilidad de su gente. Una sociedad es como un animal: cuando cada célula està sana y fuerte, el cuerpo està joven y energético, pero si las células empiezan a envejecer el cuerpo se vuelve débil y termina sucumbiendo ante su propio peso. Algo asì es lo que creo que pasa con el moderno occidente: estamos demasiado pendientes de nosotros mismos; tenemos tantos, tantos derechos, que se nos olvidan las responsabilidades. Queremos trabajo pero no nos gusta levantarnos del sofà, queremos un gobierno mejor pero no ponemos de nuestra parte para conseguirlo; criticamos continuamente pero no buscamos soluciones. El hombre està ciego de su propia libertad: es tan libre que no quiere, o no se da cuenta, de cuànto puede hacer pos sì mismo y por los que le rodean.
Evidentemente, la mayor responsabilidad en todo esto la tienen los polìticos y los que los rodean, especialmente los medios de comunicaciòn. El bipartidismo imperante nos lleva a dejar de lado las ideas para concentrarnos en el marketing, ya que son muchas y muy distintas las personas a convencer y eso sòlo se puede hacer con imàgenes claras y atractivas. El consumismo lleva a los medios a concentrarse en las polémicas y los titulares y no en la profundidad y el rigor. Pero no olvidemos que quien vende lo hace porque hay muchos que compran: la laxitud y atolondramiento de los que consumimos nos lleva a enervarnos ante los titulares y las demagogias y a esperar que sean los demàs los que resuelvan nuestros problemas. Todo esto agravado por un sistema educativo que prima a quien hace el vago, al que hace trampas, al maleducado y al egoìsta, a una familia que lo consiente todo para que a sus hijos no les falte de nada y a unos polìticos que con tal de ser elegidos se venden al primero que les dé su voto.
Nos hace falta autocrìtica para reconocer nuestras carencias, humildad para poder equivocarnos y fuerza para ponernos las botas de la responsabilidad. Sin estas 3 cosas, la democracia seguirà siendo sòlo una ilusiòn en que abandonarnos: la democracia es el opio del pueblo, porque te adormenta plàcidamente y te aleja de tu auténtica naturaleza, que es la responsabilidad de tu propia vida y de la de los demàs.
Especialmente, hace falta ser democràtico no sòlo de palabra sino de corazòn: pensar que la polìtica es para el bien de todos y no para mì, para mi grupo o para mis ideas. Cuàntas veces oìmos y decimos "no estoy de acuerdo, pero te respeto", y cuàn superficial es este respeto. Respetar es respetar de corazòn, escuchar primero de hablar, entender para poder criticar, ponerse en el lugar del otro antes de pensar en nosotros mismos. Democracia es pensar en los demàs antes que en mì mismo. Vivimos en el revanchismo, en el egoìsmo y en la crispaciòn, y esto se debe al bajo corazòn democràtico que, en el fondo, tenemos todos y cada uno. La humildad es la ùnica forma de ser democràtico de verdad.
Por tanto, la soluciòn: Ser humildes, autocrìticos y DESPERTARNOS.
Porque, no lo olvidemos, todo en la vida tiene dos caras: el DERECHO comporta el DEBER.
Somos las personas las que hacemos la democracia. Cualquier estructura que se use para organizar un conjunto de personas serà siempre, y por definiciòn, imperfecta, por la sencilla razòn de que las personas somos socialmente imperfectas, en el sentido que no somos hormiguitas que piensan en el bien comùn, sino que solemos poner nuestra comodidad antes que nuestra responsabilidad. No existe un sistema perfecto porque los seres humanos somos como somos. Por tanto, la ùnica soluciòn posible para mejorar el sistema que nos toca vivir es mejorar a las personas. Y esto, ?qué significa? Pues probablemente, que cada uno entienda que tiene una obligaciòn que cumplir.
Las grandes sociedades lo han sido por la fuerza de sus componentes, y los grandes imperios han caìdo, entre otras razones, por la debilidad de su gente. Una sociedad es como un animal: cuando cada célula està sana y fuerte, el cuerpo està joven y energético, pero si las células empiezan a envejecer el cuerpo se vuelve débil y termina sucumbiendo ante su propio peso. Algo asì es lo que creo que pasa con el moderno occidente: estamos demasiado pendientes de nosotros mismos; tenemos tantos, tantos derechos, que se nos olvidan las responsabilidades. Queremos trabajo pero no nos gusta levantarnos del sofà, queremos un gobierno mejor pero no ponemos de nuestra parte para conseguirlo; criticamos continuamente pero no buscamos soluciones. El hombre està ciego de su propia libertad: es tan libre que no quiere, o no se da cuenta, de cuànto puede hacer pos sì mismo y por los que le rodean.
Evidentemente, la mayor responsabilidad en todo esto la tienen los polìticos y los que los rodean, especialmente los medios de comunicaciòn. El bipartidismo imperante nos lleva a dejar de lado las ideas para concentrarnos en el marketing, ya que son muchas y muy distintas las personas a convencer y eso sòlo se puede hacer con imàgenes claras y atractivas. El consumismo lleva a los medios a concentrarse en las polémicas y los titulares y no en la profundidad y el rigor. Pero no olvidemos que quien vende lo hace porque hay muchos que compran: la laxitud y atolondramiento de los que consumimos nos lleva a enervarnos ante los titulares y las demagogias y a esperar que sean los demàs los que resuelvan nuestros problemas. Todo esto agravado por un sistema educativo que prima a quien hace el vago, al que hace trampas, al maleducado y al egoìsta, a una familia que lo consiente todo para que a sus hijos no les falte de nada y a unos polìticos que con tal de ser elegidos se venden al primero que les dé su voto.
Nos hace falta autocrìtica para reconocer nuestras carencias, humildad para poder equivocarnos y fuerza para ponernos las botas de la responsabilidad. Sin estas 3 cosas, la democracia seguirà siendo sòlo una ilusiòn en que abandonarnos: la democracia es el opio del pueblo, porque te adormenta plàcidamente y te aleja de tu auténtica naturaleza, que es la responsabilidad de tu propia vida y de la de los demàs.
Especialmente, hace falta ser democràtico no sòlo de palabra sino de corazòn: pensar que la polìtica es para el bien de todos y no para mì, para mi grupo o para mis ideas. Cuàntas veces oìmos y decimos "no estoy de acuerdo, pero te respeto", y cuàn superficial es este respeto. Respetar es respetar de corazòn, escuchar primero de hablar, entender para poder criticar, ponerse en el lugar del otro antes de pensar en nosotros mismos. Democracia es pensar en los demàs antes que en mì mismo. Vivimos en el revanchismo, en el egoìsmo y en la crispaciòn, y esto se debe al bajo corazòn democràtico que, en el fondo, tenemos todos y cada uno. La humildad es la ùnica forma de ser democràtico de verdad.
Por tanto, la soluciòn: Ser humildes, autocrìticos y DESPERTARNOS.
martedì 4 marzo 2008
La democracia (IV): Problemas incluso peores.
En el artìculo anterior describì algunos de los problemas que tiene la democracia actual. Pero la idea de democracia se enfrenta a otra serie de cuestioens de trascendencia màs grande que la pasajera del mundo en que vivimos. Estos son algunos de ellos:
Sé que es de perogrullo, pero que el pueblo elija su futuro no quiere decir que elija el mejor de los futuros. Quizà sea polìticamente incorrecto, pero "el pueblo" se equivoca muchas veces. Por incultura, por laxitud, por dejarse llevar ante carismàticos discursos o por cosas màs complejas o incluso màs simples. Platòn decìa que los filòsofos, aquellos que saben cosas, son los que tienen que gobernar porque son los que saben. Està claro que esto no siempre es asì porque todos somos humanos y hasta los màs sabios se dejan llevar por el interés, pero creo que, en algunas ocasiones, un gobierno férreo puede ser mejor que una mala democracia. ?Qué pasarìa en Cuba sin un gobierno que reparta lo poco que hay entre los que lo necesitan? ?Qué pasarìa en Africa, o en los Balcanes, si se dejaran a democràtico albedrìo tradicionales odios entre etnias y grupos? ?Quién discute hoy en dìa la valìa del Rey de España, a pesar de no ser reafirmado cada 4 o 5 años por "el pueblo"? ?No es esa también una especie de dictadura?
Claro que de perogrullo es también la domanda sucesiva: ?Cuàl es el mejor de los futuros? ?Puede "el pueblo", o sea, nosotros mismos, saber qué es lo que màs nos conviene, asì, a vote pronto? ?Qué valores habrìa que maximizar: felicidad, bienestar social, crecimiento econòmico, o personal, desarrollo sostenible, comodidad, edonismo, avance tecnològico, salud, amor o sexo? ?Sabemos, o podemos saber, lo que màs nos conviene?
Y ?qué decir de las minorìas? ?Por qué el 51% ha de imponer su parecer al otro 49%? ?Qué hacer en el Paìs Vasco, cuando unos piden una cosa y otros justo la contraria? ?Por qué debe el PSOE imponer su educaciòn laica, cuando una buena cantidad -quizà una mayorìa- quiere que sus hijos estudien religiòn? ?Por qué los catòlicos han de poner trabas a que los homosexuales hagan de su vida lo que màs les guste? ?Dònde està la libertad individual en la dictadura de la mayorìa? ?Qué hacer en esos paìses "inventados" en que han mezclado etnias, razas y religiones y donde los partidos no representan la izquierda o la derecha sino los intereses de esos grupos?
Por ùltimo, ?còmo hacer frente a la desmotivaciòn, al desinterés y a la baja calidad de la informaciòn, o al contrario, a la exaltaciòn, al exceso de conocimiento y, sobre todo, a la falta de humildad del que se cree que su cultura es mayor que la del vecino?
Pròximamente, soluciones.
Sé que es de perogrullo, pero que el pueblo elija su futuro no quiere decir que elija el mejor de los futuros. Quizà sea polìticamente incorrecto, pero "el pueblo" se equivoca muchas veces. Por incultura, por laxitud, por dejarse llevar ante carismàticos discursos o por cosas màs complejas o incluso màs simples. Platòn decìa que los filòsofos, aquellos que saben cosas, son los que tienen que gobernar porque son los que saben. Està claro que esto no siempre es asì porque todos somos humanos y hasta los màs sabios se dejan llevar por el interés, pero creo que, en algunas ocasiones, un gobierno férreo puede ser mejor que una mala democracia. ?Qué pasarìa en Cuba sin un gobierno que reparta lo poco que hay entre los que lo necesitan? ?Qué pasarìa en Africa, o en los Balcanes, si se dejaran a democràtico albedrìo tradicionales odios entre etnias y grupos? ?Quién discute hoy en dìa la valìa del Rey de España, a pesar de no ser reafirmado cada 4 o 5 años por "el pueblo"? ?No es esa también una especie de dictadura?
Claro que de perogrullo es también la domanda sucesiva: ?Cuàl es el mejor de los futuros? ?Puede "el pueblo", o sea, nosotros mismos, saber qué es lo que màs nos conviene, asì, a vote pronto? ?Qué valores habrìa que maximizar: felicidad, bienestar social, crecimiento econòmico, o personal, desarrollo sostenible, comodidad, edonismo, avance tecnològico, salud, amor o sexo? ?Sabemos, o podemos saber, lo que màs nos conviene?
Y ?qué decir de las minorìas? ?Por qué el 51% ha de imponer su parecer al otro 49%? ?Qué hacer en el Paìs Vasco, cuando unos piden una cosa y otros justo la contraria? ?Por qué debe el PSOE imponer su educaciòn laica, cuando una buena cantidad -quizà una mayorìa- quiere que sus hijos estudien religiòn? ?Por qué los catòlicos han de poner trabas a que los homosexuales hagan de su vida lo que màs les guste? ?Dònde està la libertad individual en la dictadura de la mayorìa? ?Qué hacer en esos paìses "inventados" en que han mezclado etnias, razas y religiones y donde los partidos no representan la izquierda o la derecha sino los intereses de esos grupos?
Por ùltimo, ?còmo hacer frente a la desmotivaciòn, al desinterés y a la baja calidad de la informaciòn, o al contrario, a la exaltaciòn, al exceso de conocimiento y, sobre todo, a la falta de humildad del que se cree que su cultura es mayor que la del vecino?
Pròximamente, soluciones.
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