giovedì 28 ottobre 2010

Tientas y compras y tiendas y más compras

Creo que es la tercera vez que visito el aeropuerto de Heathrow en más o menos un año, y esta vez, os lo digo en serio, me he quedado con la boca abierta. Será porque estaba aburrido, pero no me esperaba que hubiera comercio tan refinados, exclusivos y sofisticados. Y, sinceramente, no me parecen tan caros.

A los starbucks, café nero y franquicias de siempre, que se basan en bebidas rápidas, magdalenas, bollería pesada, bocadillos de pollo y atún y una decena de platos preconfeccionados de los de calienta-come-y-sal-por-patas, se han unido una pléyade de restaurantes, steak houses, sushi lounges y wine bars que ofrecen una selección de platos y una variedad de bebidas de ésas que antes uno se imaginaba que eran para personas con clase. Que el populacho, antes, con chorizo, pan y coca-cola se ponía que hasta daba las gracias. Ostras, pescado crudo, carne de búfalo o vaca argentina, quesos del mundo, vinos franceses y platos a la trufa auténtica inundan ahra el paladar que espera.

Y si te aburres, las tiendas. De souvenirs ya sólo queda Harrod's, que es como un corte inglés de baratijas caras, y una horterada que se llama Old Style que lo que venden son “productos típicos” (manteles, cojines, bolígrafos y pamplinería) cuya tipicidad está en que tienen la Union Jack estampada, los 3 colores, vamos, la bandera británica. Ahora la gente que viaja compra y regala prestigio. Tiffany, Cartier, Burberry y su pariente (imagino) Mulberry, Hermes, Bulgari, Chanel, YvesSaintLorent y Gucci. Y muchos más que no conozco. Por supuesto, también hay mac, y he de decir que no son caros. De hecho, son más baratos, que para eso es precio aeropuerto.

Pero lo que me gusta ver son los whiskeys. Empiezo en la zona pobre, que no es el Loch Castle no, nada de eso, son los del botellón caro, los Ballantines, Jameson, Jack Daniels o Deward's, a 12 pounds, 14, 20. Aparecen ofertas, 2 Chivas Regal por 39 libras, casi dan ganas de alargar la mano y sacar la tarjeta. Seguimos subiendo, marcas que no conozco, no me digáis que las diga, 35, 47, 50 pounds. Empezamos a los imposibles, 100, 200, 350. Veo uno que cuesta 400 libras y me parece que va a ser el último. Me equivoco. Una botella preciosa, enmarcada en una caja increíble cuesta algo así como 1.250 libras. Pero ahí no se queda la cosa, aún nos queda el plato fuerte. Permitidme que me ponga serio:

The John Walker. Sí, The John Walker, no, no es Johny Walker, no es el red label, ni el green label, ni el blue label, que también existen, éste se llama The John Walker. La botella no os la imagináis, es de una forma imposible, no es redonda, ni cuadrada, ni rectangular ni poliédrca. Es todo eso a la vez. La caja, acorde al suceso, tiene pinta de madera buena, lacrada, brillante, pulida.

Dejo para el final el precio. El precio. El precio.

El precio son 2.000 libras. 2.000 libras. 2.000 libras. Al cambio son 2.291 euros. Lo que cobra media España en dos meses de trabajo.

Bueno, algún día podré. Me voy a comprarme un capricho, Bombay Safire, 14,95, botella de litro, que está en oferta. Y yo que pensaba que era una cosa cara...

PD: No, no me la pude comprar. Era una oferta para los que viajan más allá de la UE. Para los de aquí hay que pagar el VAT, vamos, el IVA. Al final no era barato.


sabato 9 ottobre 2010

English societies

Hace unos días aquí en la University of Durham se celebró el "Induction Day", o lo que es lo mismo, el día de presenación para los nuevos de la universidad. Básicamente consiste en que los grupos de aquí que hacen cosas ponen una mesita en la que explican las cosas que hacen, de forma que los recién llegados reciben información y, si así lo estiman, se apuntan a las actividades.

Todas las actividades están regentadas por los alumnos, son ellos quienes crean los grupos y ellos mismos los que se los gestionan, lo mismo que se hace en Sevilla en aquellas aulas de cultura. La diferencia radica en que en España, que yo recuerde, si llegábamos a 10 0 15 grupos de actividades igual estábamos de suerte, pero aquí son muchísimas más.

Imaginad un edificio entero, lleno, sus 5 plantas, de gente, mesas, carteles, reclamando la atención. 5 plantas de actividades, de grupos, o de "societies", como aquí las llaman, algunas realmente pintorescas. No exagero si digo que podrían haber unas 100, y he aquí las que recuerdo:

Sociedad de alpinismo, sociedad de canoa, sociedad de comedia e improvisación, sociedad medieval, sociedad de cine, sociedad de científicos cristianos, sociedad de "slow food", sociedad de ajedrez, sociedad de un juego de estrategia chino que se llama "go", sociedad de póker, sociedad de bridge, sociedad de computación, que es en realidad de juegos de ordenador, sociedad de percusión africana, sociedad de canto africano, sociedad de paracaidistas, club de quesos, club de vinos, sociedad de ópera, sociedad del rock duro, sociedad de animadoras, sociedad de yoga, sociedad de meditación, sociedad de baile latino, sociedad de bailes de salón, sociedad de danza moderna, sociedad de danza del vientre, sociedad de baladas, sociedad de instrumentos de viento, sociedad de pintura, sociedad de política y economía, sociedad de claqué, sociedad astronómica, sociedades de muchos países, sobre todo orientales (Japón, Corea, China,...), sociedades de idiomas (español, francés, alemán, chino, japonés, coreano, portugués...), sociedad de friquis, es decir, sociedad de "ciencia ficción y fantasía", sociedad de tenis, sociedad de ¡hockey bajo el agua!, e, incluso, una sociedad del whiskey, con sus botellas al aire.

A mí estas dos últimas son las que más sorprendieron. La primera, por lo raro, porque nunca lo había escuchado, y la segunda porque, en fin, no imagino yo una universidad española permitiendo un club de whiskey. Con la de borrachos que hay entre los estudiantes, y con la de prejuicios y de políticamente correctezas que hay que tragarse, la verdad, no me lo imagino.

Pero lo más sorprendente es que aquí parece que todos están "envolved" en más de una cosa. Definitivamente, para bien, o para mal, o incluso para regular, este país es distinto.

martedì 5 ottobre 2010

¡Nunca vayas a Durham!

Miras en un mapa y dices "vale, no está tan lejos, cojo un avión en Sevilla, llego a londres tras 2 horas, luego un par de metros, llego a la estación de King Cross, allí espero a Elena y un tren nos lleva hasta Durham". Hay tiempo más que de sobra.

Vale. Vas al aeropuerto. La cola es larga pero va rápido. Dejas las maletas, te dan los billetes, pasas el control de seguridad, todo tranquilo. Te sientas, te comes los bocadillos, vagueas por un par de tiendas, vas a la puerta de embarque. Te sientas. Pasa media hora, bueno, hay cierto retraso. Pasa otra media. "Vaya, nada se mueve". Miras el panel de al lado y dice eso, que hay retraso. "Bueno, no pasa nada, total, estoy acostumbrado". Media hora más y te aburres de escribir en el ordenador y de mirar a la gente las caras. Empiezas a impacientarte, aún más cuando ves que la gente se comienza a poner nerviosa, se levanta, habla en voz alta, algunos intentan salir. Se empiezan a escuchar rumores, vienen unos policías, "retraso de al menos 3 horas". "Al menos" te van y dicen. Tensión.

Haces un cálculo rápido. "Si salimos en tres horas, llegamos a londres en 5, luego el metro, esto, lo otro. ¡Horror! Pierdo el tren".

Sales de la zona de embarque. Te acercas a la ventanilla. Hay algunos como tú que piden más información. Mientras esperas la cola repasas los cálculos rápidos, nada, es que no hay forma, el tren lo pierdes seguro, las matemáticas no fallan. Preguntas, reclamas, "sí, le podemos cambiar el billete o devolverle el importe". "Gracias, ahora lo pienso", menos mal que son amables. Intentas llamar a Elena, 2 euros que pierdes en la cabina. La llamas directamente desde el móvil, una, dos, tres veces, a la cuarta por fin contesta. "¿Qué es lo que pasa?". "Esto y lo otro". Ea, nerviosidad. A ver qué es lo que se hace.

Llamas a uno, llamas a otro, nadie te puede ayudar. Necesitas alguien rápido, que tenga internet ahora, que sea hábil buscando, y nadie está disponible. "¿Qué hago? ¿Sevilla-Liverpool-Durham? ¿Sevilla-Edimbourg-Durham? ¿Ryanair, Air Europa, Vueling? ¿Salgo hoy, salgo mañana?" Ysa responde, pero es de poca ayuda, no por ella sino porque no hay mucho en que me pueda ayudar. Al final tomas una decisión, sales mañana, Elena cambiará el tren. Vuelta a casa.

Día siguiente, se repite la misma coreografía. Aeropuerto, cola, maletas, control de seguridad, bocadillos, paseo por tiendas, zona de embarque, espera. Pasa media hora y nada. Por fin llega pero, vaya, otra vez tenemos retraso, aunque esta vez, mucho menos. Entramos en el avión y ¡anda! ¡Qué dos sorpresas! Una, Silvia de azafata, otra, Manolo Jiménez. Nervioso, tenso, con dos tíos enchaquetados y una rubia de bote al lado. Seguro que se cuece algo. Zarpas, vuelas, duermes, te despiertas, te invita Silvia a unos snacks, a un agua con limón y gas y a que pases a un mejor asiento. Vuelas, vuelas, aterrizas, adiós mua mua "que te lo pases muy bien ya nos contarás". Llegas al metro, preguntas, "máximo una hora y media", vale, Elena, voy a recogerte al albergue así te ayudo con las maletas, total, hay tiempo de sobra, recuerda, "máximo una hora y media" para llegar a destino, y para el tren faltan aún casi 3 horas.

Subes al metro, va lento. Es sádado noche y hay gente. Sales del metro y vas lento, porque las maletas pesan. Te haces un pequeño lío del que sales en seguida, llegas al otro metro. Va lento, esto se está retrasando, menos mal que hay tiempo de sobra. Oyes algo de que hay obras, bueno da igual, hay tiempo. Llegas al último metro y lees "25 minutos" y tú que creías que estabas a punto de llegar. "Bueno, vamos a ver, estamos ya un poco justos pero aún estamos a tiempo. Don't panic at all!". Sigue lento, mucho más de lo que debería. En una parada en vez de los 2 minutos de rigor estás 10. Elena manda un mensaje "¿dónde estás? Se hace tarde". "Me faltan sólo 2 paradas" respondes "deberían ser sólo 5 minutos". "Si salimos", piensas, aunque te lo callas. Llego a destino y busco a Elena. "El taxi no llega" te dice nerviosa "debería haber llegado hace 15 minutos". Miras el reloj, faltan 45 minutos. Menos mal que la estación está cerca.

Llega el taxi y os subís, el chófer es un africano negro. Va muy lento porque hay tráfico "es que es sábado noche". "Ya lo sé" piensas "pero ¿no decían que era muy cerca?". Coches, calles, más coches. Coches y calles y coches, semáforos que pasan al rojo, coches, calles y más coches. Quedan como 15 minutos. "¿Queda mucho?" pregunta Elena "no me pongáis nervioso, estoy haciendo lo que puedo" responde el taxista.

Llegamos a la estación, salimos corriendo. Quedan apenas minutos. "¿Dónde es el andén?" "yo qué sé". Preguntas, nadie lo sabe. "Perdón, ¿el andén para Durham?". "Y yo qué sé" dice la gente. ¿Cómo que nadie lo sabe? "¿Pero dónde nos hemos metido?" Buscáis, corréis, preguntáis. Nada, es imposible. Queda menos de un minuto, rezas para que tenga retraso. Miras en las pantallas y nada, aquí no pone nada de Durham. Buscas, corres preguntas, nada. Ya ha pasado la hora. "¿Dónde está el maldito andén?" Preguntas en información, pero, claro, no saben nada. "¿Me deja ver los billetes?", "claro, aquí los tiene", "pero este tren sale de King Cross", "¿y me dice dónde estamos?", "esto es St Panceas Station", "¿y me dice dónde es King Cross?", "justo en la acera de enfrente". Ea, ya la habéis liado.

Estación de King Cross (esta vez sí). Os cambian los billetes, salís mañana temprano. Vale, qué se hace ahora. Posiblilidades: buscar un albergue barato, buscar un hotel que esté cerca, buscar un hotel más caro... o dormir en la estación. "Buscar un albergue barato".

Llamas, preguntas, nada, todos ocupados. Segunda opción, hotel en la zona. Nada, todos ocupados. Tercera opción, un hotel un poco más caro. Mira, hay uno que no está mal, 116 libras, y está sobre una línea de metro, al lado de Waterloo. "Venga, vamos".

El metro es el mismo, sí, pero hay que cambiar de rama, o sea, cambiar de tren. O sea, entrar en uno, viajar un trozo, salir, caminar un rato, subir escaleras, bajar escaleras, volver a subir y a bajar, seguir caminando, encontrar la vía y esperar. Todo esto con 6 maletas y dos personas cansadas. Por fin llegamos al destino. Llueve como hacía meses que no veías llover. Buscas la calle del hotel, está cerca, sí, pero para bajar a la calle hay unas escaleras como de dos pisos de alto y la lluvia parece infinita. Con 6 maletas. "Mira, hay otro camino sin escaleras, aunque es un poco más largo, venga, vamos, lo cogemos". Venga, tiráis de las 6 maletas, os equivocáis dos veces, por fin llegáis, más escaleras. Entráis en el hotel exhaustos, pero al menos esta noche podéis dormir a cubierto.

Día siguiente, 5 horas de sueño. Esta vez decidís coger un taxi y hacerlo con muuuuucha antelación. Vale, todo perfecto, llegáis a la estación sin problemas. Sí, es King Cross, St Pancras es la de al lado. Buscáis el tren, os sentáis, desayunáis algo. Pero, no, otro problema. "Retraso" dice un cartel "esperen en la cola B". Ea, de pie otro rato. Más personas que en la guerra, todas en la misma cola. Media hora, una hora. La cola por fin se mueve. "Siéntense en donde quieran, el tren no tiene puestos reservados, disculpen las molestias, el tren que tenía que ser ha tenido unos problemas". Venga, por fin sentados, pero qué pasa, ¿no sale? Media hora, otra media. Una hora más esperando. "Discúlpenos las molestas pero hay que cambiar de tren". Os miráis, pero ¿es posible? ¿No era éste el país de la puntualidad, de la perfección, del todo en hora y a punto, en el que nunca hay problemas... Otra vez arrastrar 6 maletas, bajar del tren, andar, subir, ponerlas en un sitio para que no se muevan, sentarte...



Bueno, ésta es la historia. De cómo un supuesto viaje que iba a durar pocas horas se convirtió en una odisea que duró casi 3 días. Al final, sí, llegamos a Durham, cansados, hambrientos, molidos, mojados hasta las trancas y realmente destrozados. Hasta los no quiero decir dónde de Inglaterra, los ingleses y su famosa (in)puntualidad. Hasta el gorro de aviones, trenes, metros, lluvia, hoteles, escaleras... y sobre todo maletas. Pero aquí estamos, sanos, salvos y coleando.

Ea, buenas noches, hasta la próxima. Que será más descansada.

venerdì 27 agosto 2010

La observación

Atrapados en la vorágine de pensamientos, de ideas y de juicios que surgen cotidianamente del interior de nuestra mente, no nos damos cuenta de que nosotros podemos influir, modificar y hasta cambiar completamente todo aquello que pensamos. La mente y sus vaivenes suele ser libre de pensar lo que le parezca, creando mundos de pensamientos, fantásticos e irreales en muchos casos, distorsionando la realidad en muchos otros. Pero existe una forma consciente de alterar ese caos ordinario y convertirlo en algo distinto: el poder de la observación.

Observar atentamente una cosa, un objeto, un pensamiento, una imagen, un sonido, hace que se detenga el flujo de pensamientos. Cuando observamos completamente y de forma perfectamente consciente, la mente, de pronto, deja de pensar. Esto no es retórica filosófica, esto es un hecho científico, en el sentido que cualquier persona puede comprobarlo consigo mismo en cualquier momento. Para ello basta observar.

Lo que ocurre es que esa pausa mental es solamente momentánea. A veces dura menos de un segundo. Observas un objeto y, antes de darte cuenta, has dejado de observarlo, tu consciencia que estaba en el objeto ha vuelto a perderse en la miríada de pensamientos. La única forma de volver de nuevo a observar aquello que observas es recurrir a la capacidad más dura que tiene la consciencia: la fuerza de voluntad. Sólo la voluntad es capaz de devolver el control de lo que se está observando, sólo la tenacidad consigue que permanezcas concentrado en una cosa más que unos pocos instantes. Y es difícil, por supuesto, pero este par observación atenta y fuerza de voluntad son capaces de transformar lo que piensas. Y con ello transformar tu vida.

martedì 24 agosto 2010

Experiencias con la mente

Cotidianamente, el ser humano está dominado por aquello que piensa. Vive en el mundo de sus pensamientos, dejándose llevar por el torrente de ideas que surgen de su propia mente. Creemos que somos lo que pensamos, y pensamos aquello que somos.

Pero esto no es real. Creer ser lo que se piensa es sólo una ilusión, es irreal, y ocurre por ignorancia, porque nadie nos ha enseñado que es posible identificarse con algo distinto a en lo que se piensa.

Hay gente que dice que esto es sólo teoría, palabrería, "filosofía" y nada más. Frases que suenan muy bien pero que poco o nada tienen que ver con la realidad experimental y cotidiana. Sin embargo, esta es la ciencia más pura, y se puede demostrar.

Haz un experimento. Siéntate en un sitio tranquilo, cierra los ojos y, simplemente, escucha. Escucha todo lo que suene, en la habitación, o fuera, o dentro, dentro de tu propio cuerpo. Siente el corazón y las manos, siente la nariz respirando, siente los pulmones que se abren y se cierran. Siente los ruidos de la gente, algún pájaro que canta, un coche, las tuberías. Siempre hay sonidos y sensaciones, concéntrate en ellas. Y acuérdate de lo que estás pensando. Pruébalo, a ver qué ocurre.

Y si te apetece, luego lo comentas.

domenica 22 agosto 2010

El velo de maya

Cuentan que estaba el buda sentado con sus discípulos. Todos los días se reunían para escuchar sus enseñanzas, pero ese día se limitó a arrancar una flor y mostrársela. En el silencio que siguió a ese gesto, cada uno de ellos intentó entender qué es lo que podía significar. Uno pensó que simbolizaba la belleza de la naturaleza, por lo que compuso un poema sobre las maravillas de la tierra. Otro creyó que lo que quería era desentrañar aquello que se ocultaba en la flor, por lo que la abrió y se dedicó a estudiar una de sus partes. Así se fueron sucediendo las interpretaciones en la que cada uno creyó ver una cosa distinta. Sin embargo, el último, un monje llamado Mahakashyapa, cuando vio la flor, se limitó a sonreír. Por supuesto sólo él había entendido la enseñanza, y tanto es así -pues esta historia es real, o más o menos- que se convirtió en el sucesor y primer patriarca del budismo.

Esta historia recoge la esencia más fundamental del budismo, y, en realidad, de todas esas cosas que llaman las filosofías orientales. Porque todas ellas buscan básicamente una misma cosa: quitar el velo que cubre las puertas de la percepción de la realidad.

Imagina que ves una flor. Al principio verás la flor, pero al cabo de algunos segundos tu mente empezará a pensar. Querrás saber qué flor es, qué especie o de qué tipo, querrás saber a qué huele, observarás cómo es por dentro, si tiene algún defecto o algo particularmente bonito. Te vendrán a la mente recuerdos, otras flores que has visto iguales, el lugar donde las viste, las personas con las que estabas, la situación, el momento. Verás cientos de imágenes y pensamientos, todos menos la flor que estás viendo. Y lo más curioso de todo es que ni siquiera te darás cuenta de todo ello.

En oriente lo llaman "el velo de maya", la cortina que nubla la vista y distorsiona la realidad. La realidad, lo que realmente es, no la percibimos nunca. Todo pasa a través del filtro de la mente, y una vez filtradas, las cosas son distintas a como en realidad son.

Esta deformación de lo real provoca la inmensa mayoría de los conflictos personales y entre las personas. La mente está siempre intranquila y en continuo combate. Su naturaleza esencial es la de buscar problemas, porque para eso ha sido creada. Al filtrar las cosas a través de una mente agitada las cosas nos parecen problemáticas. Las palabras que escuchamos nos resultan hirientes porque la mente está herida, los sucesos cotidianos nos irritan porque la mente está irritada. La realidad nunca es buena o mala ni fea ni bonita, es la mente la que juzga y convierte una cosa en positiva o negativa.

Por eso el trabajo crucial de la espiritualidad oriental consiste precisamente en eso, en limpiar la mente de sus propias tensiones. Una vez hecho esto, la vida cambia radicalmente. Absolutamente todas las prácticas y ejercicios de las "filosofías" orientales buscan elevar el nivel de consciencia, ser conscientes de las cosas así como son, o, lo que es lo mismo, bajar el nivel de tensión mental y reducir la dependencia del ser humano respecto de los vaivenes de su propia mente. Que no quiere decir dejar de pensar o poner la mente en blanco, sino percibir la luz que se esconde detrás de los remolinos del caótico y errático pensamiento cotidiano.

martedì 27 luglio 2010

Prohibir los toros

Que quede claro desde el principio: los toros no me gustan.

Lo repito para que quede claro: no, no me gustan los toros.

Ahora explico por qué. Me parecen un rollo, me aburren, no veo el arte, reconozco el valor del torero, la pericia de acercarse y salir ileso, el riesgo del banderillero, el colorido, la música, eso que llaman "la fiesta"... pero aun asi no me gustan.
Además son seres vivos. Que lo maten es lo de menos, ¿cuantas vacas nos comemos? ¿Cuantos cerdos, cuantos pollos? ¿Cuántos animales mueren? Lo que me repugna es la forma, eso de quitarles el resuello, sacarles la sangre, dejarlos tontos, meterles una lanza y unos pinchos de sierra, clavarles una espada y observar cómo cae, cómo se inclina, cómo saca la lengua y grita, se estremece, le duele, me paree increíble que una orgía de sangre y muerte pueda ser vista sin que a nadie se le caiga el alma, sin que nadie lo rechace. Y luego van y aplauden.

Bueno. Dicho queda. Ahora bien, me parece una vergüenza, una calumnia, una infamia, una aberración de esa racionalidad, esa sensibilidad o esa humanidad que pretenden enarbolar o esgrimir como justificación los que defienden esa estupidez de prohibir los toros en Cataluña.

Los que lo pretenden por ser una fiesta española se definen ellos solos: son la culminación del odio, del racismo, del pueblerismo esquizofrénico. Cataluña será o no España según a quién se lo pregunte, pero criticar una cosa por ser de aquí o de allí es de lo peor que se puede hacer. Seguro que no dejan de comer chorizo extremeño, jamón de Huelva o marisco de Galicia, seguro que a más de uno le gusta la rumba -que no es catalana, ni andaluza, ni española ni cubana sino de todos esos sitios y encima nació en África- y les apasiona el Madrid-Barça.

Y si el argumento que esgrimen es el de la defensa de los animales, me parece casi peor. Porque los toros se ven, pero la auténtica tragedia, el holocausto animal no es el que sucede en las plazas, ni en las peleas de perros, ni en las de gallos. La barbaridad más obscena sucede detrás de nuestras casas, a escondidas, en miles y miles de granjas. En ellas malviven gallinas enjauladas en un espacio que apenas les da para respirar. Les cortan las patas y picos para que no se hagan daño, les ponen más horas de luz para que se estresen y den más huevos, les prohíben todo movimiento y la más mínima libertad y felicidad y les dan de comer lo peor que se pueda pensar. Los huevos que comiste ayer en esa tortilla, en ese revuelto o en esa ensalada, en esa mayonesa tan rica que hiciste con vinagre y perejil son una semilla viviente de sufrimiento.
La carne que comemos está alimentada a base de piensos sintéticos, asquerosos, residuos de podedumbre de aquello que no nos comemos, restos de animales muertos que devoran a sus congéneres y de la porquería más grande que se pueda encontrar. Para que engorden más se usan todo tipo de substancias, hormonas aberrantes de ingeniería animal, se les cambian los ciclos vitales y se les estresan. Famosos son los patos a los que introduce un tubo hasta el estómago por el que le introducen vete a saber qué cosas para que les engorde el hígado y así producir más paté. Pero hay mucho más que no se ve y que seguro que no conocemos. Muchas de las prácticas y de los productos son perfectamente legales, claro, como legal es el tabaco, los humos de las fábricas y los estados de sitio: que sea legal no quiere decir que sea sano. Ni desde el punto de vista nutricional, ni moral, ni mental ni espiritual. Así que antes de prohibir los toros se deberían prohibir muchas cosas, porque, al menos, el toro es el bicho más feliz (mientras le dura), que vive en campo abierto y pasta con sus congéneres.

Y que no me vengan con que los toros serán sólo el principio, y que luego vendrán más pasos en la lucha por los derechos de los animales. Los toros se van a prohibir por el ruido que hacen, porque se ven, porque salen en las noticias. Lo mismo me dijeron cuando la guerra de Irak "ya verás cómo esto es sólo el primer paso, luego protestaremos por todas las demás guerras". Y un cuerno. La gente sólo protesta por lo que se ve. Las miserias escondidas, ésas no les importa a nadie.